Yoshihide Kozai (1928 – 2018)

en un conferencia celebrada en Moscú a fines de 1961, Kozai, de 33 años, quien en ese momento también estaba trabajando para comprender las órbitas de los satélites artificiales, presentó su investigación en la misma sesión que Lidov, quien estaba allí para informar sobre Luna 3. Kozai se dio cuenta que el mismo tipo de evolución orbital que afectó a Luna 3 durante sus cinco meses de vida también puede desarrollarse en el cinturón de asteroides durante miles de años. Es decir, si un asteroide toma el lugar del satélite, el Sol toma el lugar de la Tierra y la Luna es reemplazada por Júpiter, ¡se reproduce la configuración física del problema!

Kozai describió el descubrimiento en un 1962 papel. Una masa pequeña (un satélite que orbita alrededor de la Tierra o un asteroide que orbita alrededor del Sol) puede verse perturbada en su órbita por una masa grande y distante, la Luna o Júpiter. La excentricidad orbital (no circularidad) y la inclinación (inclinación) pueden oscilar, de modo que una órbita inicialmente circular pero muy inclinada puede, con el tiempo, reducir su inclinación hacia el plano del perturbador, a expensas de volverse muy elíptica. Este fenómeno se conoce ahora como el mecanismo Kozai-Lidov. En el caso de Luna 3, la órbita se volvió tan elíptica que, al acercarse más a la Tierra, su órbita se cruzó con la atmósfera de la Tierra, condenando a la nave espacial. No todas las órbitas participarán en este tipo de evolución, y un análisis más complejo demuestra que se requiere una inclinación inicial superior a unos 40 grados para que una órbita circular se vuelva inestable a los ciclos de Kozai-Lidov.

Una mecánica celestial Renacimiento

El trabajo de Kozai recibió relativamente poca atención durante las tres décadas que siguieron a su publicación. En 1992, el número de referencias al artículo de Kozai de 1962 llegó a 47 (en marcado contraste con las más de 1000 citas que tiene el artículo en la actualidad). Sin embargo, a principios de la década de 1990, los desarrollos en el poder de la computación y la comprensión de que las órbitas de los asteroides son caóticas (donde su evolución puede ser muy diferente debido a pequeños cambios en las condiciones iniciales) despertaron nuevamente el interés en la dinámica del sistema solar. Fue durante este período de tiempo que quedó claro que el efecto Kozai-Lidov no es solo una curiosidad matemática para los académicos. En cambio, el mecanismo Kozai-Lidov resultó ser un proceso dinámico fundamental que ha jugado un papel importante en la configuración de la estructura actual del sistema solar.

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